| La raíz de todos los males es la mentira |
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| Escrito por Rogelio Arce Barrantes* |
| Miércoles 01 de Septiembre de 2010 22:31 |
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Todos los que pasamos de cierta edad, que hemos aprendido a escuchar mentiras cada cuatro años, desde los síndicos municipales, pasando por los diputados y llegando a la presidencia, no creeríamos que sea necesario mentir más después de la elección. Los y las que viven perennemente en la política y la han elegido como modus operandi y como modus vivendi, deberían saber que el engaño permanente lleva al desencanto en todas las facetas de la vida. Cada vez que se miente al pueblo, se dobla una caña de bambú más, por esa razón la incredulidad y la duda metódica son ya estilos de vida de los ciudadanos que viven en democracia. Esto es parte del origen del incremento de la delincuencia, los delincuentes están totalmente convencidos de que actúan acorde a estándares sociales aceptables, y desde luego la aceptación ciega y permanente de la mentira crea sistemas éticos arquetípicos totalmente errados que solo más deterioro social pueden acarrear: entramos en un círculo vicioso que nos lleva cada vez más bajo, por lo que no hay receta útil contra la violencia y la delincuencia.
Uno puede preguntarse qué interés podemos tener los ciudadanos en ver caerse una serie de mitos políticos en menos de cien días (nunca he creído en los 100 días de gobierno, más que como una manera de amainar las tempestades de las pasiones políticas de los que perdieron las elecciones, es decir una vulgar treta de mercadeo) los gobiernos se juzgan años después y se les otorga el rictus de desdén o el de simpatía, nada más. En estos pocos días se da un horroroso pandemónium con la autoprescripción de un aumento salarial entre los diputados, luego en medio del vendaval se trata de hacer creer que el ejecutivo no sabía nada, luego este es señalado como copartícipe de la prescripción según declaraciones múltiples, después en medio del torrente de lágrimas y más entuertos, se declara el edificio del congreso inhabitable tratando de distraer la atención de los ciudadanos: hay horror entre los amantes del orden democrático al ver en la decisión de una ministra que el primer poder de la República es vulnerado por ese ministerio, en el ínterin se saca el presidente del Congreso de la manga cual Harry Houdini redivivo un edificio en plena construcción: o sea ya sabíamos lo que iba a suceder, pero al no poder hacerse la compra de inmediato entonces ambos jerarcas fuman la pipa de la paz y aquí no ha pasado nada. A qué viene tanta perorata, se dirán los que me hayan leído hasta aquí. Pues viene a raíz de que la raíz de todos los males es la mentira. No hay nada más enfermizo que la mentira, el engaño, la falsedad (despreciable aun en la política). No creo que las luchas de poder, normales en una democracia madura, necesiten embaucar a los ciudadanos con esa telaraña de embustes, para eso existe lo que los anglosajones llaman lobby, eso se hace con discreción, no se ventila a los cuatro vientos, cuando ya es imposible recoger lo dispersado. Gobernar es un arte, que además tiene su ciencia, nos lo han demostrado muchos estadistas de talla mundial como Winston Churchill, De Gaulle, F.D. Roosevelt y muchos más. ¿Cómo es posible que personajes criollos nuestros que han mamado de las ubres del poder por años sean incapaces de moverse en ese medio resbaladizo que es la escena política sin elegancia? Muchos casi nacieron en el poder. La única respuesta que se me ha ocurrido desde que Pepe dijo la grosería de que se había comido la plata de la Sinfónica en confites, es que nos ven a los demás mortales como imbéciles, tontos útiles a lo sumo. Esta es la primera razón para descorazonar al ciudadano más entusiasta, ¿cómo puede alguien actuar de manera tan falaz, mientras va de puerta en puerta a pedir un voto? La mejor manera de decir las cosas de manera natural es utilizando la verdad siempre: cuando se miente se debe seguir pensando en la mentira, so pena de ser descubierto, mientras que la verdad habla siempre por sí sola y de una única manera. Nadie necesita saber nada de los cien días, eso jamás ha funcionado en Costa Rica más que como un eslogan desacreditado que solo quienes detentan el poder se lo creen. Obras son amores y no buenas razones: incluso en política. Claro que necesitamos un edificio digno para la Asamblea Legislativa, eso es indudable, pero venir a declarar inhabitable un edificio que de muchísimo tiempo lo está a los cuatro años de gestión es increíble. Claro que el salario de los diputados y diputadas debería ser más alto, eso es innegable, pero hay otros medios para hacerlo. * Médico |


