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Escrito por Jose A. Cabezas   
Martes 24 de Agosto de 2010 00:06

Aunque sostenemos lo dicho el pasado viernes, en cuanto a que un técnico extranjero como La Volpe perdería la paciencia a las pocas semanas de estar en nuestros país al encontrar que tiene que lidiar con el momento histórico de mayor mediocridad en nuestro fútbol, la mezcolanza entre aldeanismo y maquiavelismo mercantil en nuestros dirigentes y una estructura de campeonato destructiva de la evolución del fútbol, aclaramos que nuestra recomendación negativa sobre La Volpe no es por ser extranjero. Todo lo contrario, requerimos urgentemente que vengan, como antaño, técnicos extranjeros, pero que sean formadores o maestros. En ese nivel estamos.

 

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¿A quién se le ocurre que podemos tener técnicos nacionales? ¿Cuál fue la herencia que nos dejaron Hernán Medford y Rodrigo Kenton en la pasada clasificación? No es posible apelar, como apelan ellos, a que no les rompan su proceso con solo perder dos o tres partidos. Es que, comúnmente, el problema no son las derrotas, sino el palpar que su tal proceso va de cabeza, que se les fue de las manos o que llegaron a una etapa en donde les quedó grande la camisa, que las derrotas no llevan ningún elemento de dignidad futbolística, al menos.


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También nos escalofría una nueva experiencia de un técnico tico en un Mundial. ¿Cuál fue la diferencia entre el éxito de Bora y el fracaso de Guimaraes? Que Bora fue frío y profesional al elegir el grupo, eligiendo a los mejores del año noventa. En cambio, a la mejor usanza criolla, Guimaraes metió al avión a algunos que estaban a pocas semanas de terminar su ciclo deportivo, y por ende, en su etapa de mayor decaimiento, explicando que el mérito lo daba lo bueno que alguna vez habían sido. O como dijo: “por reconocimiento a sus carreras”. No queremos en un futuro a otros técnicos que lleven a jugadores con el subterráneo propósito de ser exhibidos con intención de venderlos, tengan o no parte en la comisión de la venta. No queremos técnicos que lleven a jugadores por amiguismo o por lazos sentimentales, aunque sean “cuñados”.

 

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