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Escrito por Jose A. Cabezas   
Miércoles 18 de Agosto de 2010 21:51

Los telenoticieros nos muestran cada cierto tiempo imágenes que resultan pruebas palpables de los abusos de los vehículos de transporte, sean pasajeros o materiales, que cometen en las carreteras. De manera que resulta público este problema vehicular y lo más risible es que los reporteros que cubren esta información no tienen más que estacionarse a la vera del camino, instalar su cámara e inician las tomas de una y otra y otra infracción que generalmente ponen en peligro las vidas de quienes ahí también circulan.


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Entonces, claro que el público se pregunta: “Y si lo hacen tan fácil los periodistas, ¿por qué no lo hacen igual los oficiales de Tránsito?”


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Han pasado 100 días y en las áreas más penosas que tiene este Gobierno, en donde lo que pasa es que no pasa nada, está la Dirección General de Tránsito. El problema vehicular en el país es una Troya ardiendo, es una causa incandescente y permanente de gasto excesivo de combustible, de colisiones, de un estrés perjudicial para la salud… y lo que cada gobierno hace para solucionar en algo la organización del parque vehicular costarricense que transita en nuestras calles, avenidas y carreteras, es asegurarse que la inutilidad, la impericia y la negligencia lleguen a la Dirección General de Tránsito. No preguntamos ni siquiera qué se ha hecho en este centenar de amaneceres, sino, por lo menos, qué se planea hacer. Porque esa inutilidad, esa impericia y esa negligencia son las nodrizas de la corrupción, activa y pasiva, que muestra buena parte del cuerpo de oficiales de Tránsito. Mientras no haya una autoridad que con su propio ejemplo muestre liderazgo, capacidad y trabajo, los subalternos sabrán que andan por la libre.


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Un bus de Alajuela rompió una baranda de metal, saltó una honda zanja que solo lo lograría a una alta velocidad y no pudo detenerse por sí mismo, sino hasta que lo paró el fondo del guindo. Pues bien, parémonos, como hacen los reporteros, en esa curva cada día y veremos que a esa misma velocidad viajan otros furgones y buses. ¡Y cuidado si no son la mayoría! Los choferes saben muy bien, que no hay ni habrá autoridades honestas haciendo controles, pues los hacen tempranito cada mañana, a solo 500 metros de ahí, la parte planita, al frente del antiguo hotel Corobicí, bien fresquitos, en la parte fácil, “pescando” violadores de la restricción vehicular, luego, desaparecen por el resto del día. Como si los infractores de la restricción pusieran en peligro la vida ajena como sí lo hacen los que se adueñan de las carreteras.

 

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