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Escuchamos el pasado domingo a don Minor Vargas en una entrevista del inquieto periodista Yashín Quesada en Canal 13. Don Minor, tanto en su verbo como en su gesto facial, insiste en presentarse, más que como mecenas, como filántropo del fútbol de Costa Rica. La magnanimidad de esta piadosa alma, ojalá, se enternezca igual con los pobres y menesterosos, tanto como se enternece cuando ve una cancha sin buena gramilla. Así, las obras sociales de don Minor serían parte de su altruismo.
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Es que amamos a este deporte, pero nos cuesta ver que teniendo tanto capital, no se aparte un poco para la caridad al prójimo. ¿Es posible dar sin esperar nada mundano a cambio? Por lo menos, para pagar la CCSS.
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Aquella entrevista nos hizo recordar una anécdota que recoge el Anecdotario Nacional, contada por Francisco María Núñez que copiamos literal: “Administraba (allá por 1920) el Ferrocarril al Pacífico don José Cabezas, hombre de empresa y de gran ingenio, muy calculador. Un día lo visitó el propietario de la finca El Coyolar (una de las más prósperas de la época) don Fernando Castro Cervantes, para proponerle un negocio.
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“Decí Fernando… dijo Cabezas. Vea don José, respondió Castro Cervantes, yo tengo una finca, millares de árboles frutales y no tengo dónde colocarlos. El país sufre de carestía de frutas. Pienso que se podrían colocar dos filas de frutales a lo largo de la vía, lo cual es beneficio para la empresa y para el público. Yo regalo los arbolitos, pago los peones que deben de arrancarlos y trasplantarlos. Hasta me encargaría del riego en los meses de sequía. ¿Qué me dice, don José? Cabezas oía en silencio, se mordía el bigote, movía las orejas, meditaba. ¿Qué me dice?, insistió don Fernando. Hasta que don José Cabezas le respondió: “Estoy cavilando en dónde está tu negocio, Fernando”.
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Algo así pareció sucederle a don Yashín y a todos los que escuchamos a don Fernando. Esa supuesta inversión de más de siete millones de dólares, por puro amor, sin deseo de control, de poder, de fama, de fortuna, es tan singular que un benemeritazgo se quedaría corto. Algo hay, algo hay… que no deja respirar tranquilamente, ni a la prensa ni a la opinión pública.
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