| Sembrar en lo ajeno |
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| Escrito por Alfonso Chase |
| Lunes 16 de Agosto de 2010 07:43 |
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La frase y el concepto son de Omar Dengo. Y parece haber sido una especie de lema, que durante muchos años marcó la discusión sobre las teorías pedagógicas, exhaustivas, que se discutieron en la antigua Escuela Normal de Costa Rica y dieron forma a la conciencia intelectual de varias generaciones de los estudiantes. Forman parte de un acervo cultural educativo que puede comprenderse como ecléctico, variado en sus diferentes ideas centrales, pero sobre todo en una praxis, que tenía como objetivo compartirlas con estudiantes, profesores y la divulgación cultural para trabajadores, en Heredia, San José y Alajuela, que fueron los más receptivos a las nuevas ideas. Tuvieron su expresión en la Escuela de aplicación, un centro de laboratorio pedagógico que impulsaba la práctica metodológica, dirigida por Omar Dengo como recargo a sus lecciones de legislación escolar, sociología educacional, historia de la educación, lógica y debate, que estaban todas a cargo del eximio profesor. En la famosa conversación con estudiantes y profesores de la Universidad Nacional, en 1978, en donde Carlos Luis Sáenz y Adela Ferreto mencionan todo esto como un proceso de formación continuo, que daba lugar a antologías de lecturas, libros que circulaban en la Escuela Normal, revistas que también llegaban, todo muchas veces resumido en la revista “Educación”, órgano de la institución. Es tan vasto el repertorio que asombra. Pero el énfasis especial estaba centrado en la idea de que el siglo XX iba a ser el siglo de la escuela, complementado con la idea, de Hellen Key, de que también lo era el de los niños. Dijo Adela Ferreto que muchas de las observaciones quedaban por escrito en lo que se llamó “Diario de Clase”, para estudiantes normalistas, y más luego en lo que llamó “Cuaderno de Vida”, que se usaba en la clase de los niños y jóvenes, para dar testimonio de lo que se aprendía. Don Carlos Luis afirmó que su interés de escritor para niños y jóvenes, su posterior idea de hacer textos de uso común en las escuelas, nació de las observaciones sobre sus lecciones, lo que luego se llamó “Comentarios”, por los años de 1922 a 1925. Ambos coincidían que había un tercer objetivo: el nuevo siglo habla de llamarse, también, el de la lectura. Se dice allí que también habían nuevas lecturas, producto de la amistad con Carmen Lyra, que quedaron de sedimento de su viaje a Europa en 1923, principalmente los trabajos de maría Montessori, la escuela antroposófica de Rudolf Steiner, las ideas de Claparede, William Crokes, Giovanni Gentile o las ediciones impulsadas por José Vadconcelos, más los relevantes “Ensayos de Pedagogía e Instrucción Pública”, de Lorenzo Luzuriaga, que tanta influencia ejercieron en su tiempo. Las primeras ideas sobre confeccionar libros propiamente de texto, para escuelas y colegios, parecen haber tenido lugar en 1932, en tertulias en casa de Carmen Lyra. El núcleo inicial lo configuraban Adela Ferreto, Carlos Luis Sáenz, María Isabel Carvajal, Francisco Amiguetti y Noé Solano, posibles ilustradores. Inicialmente estuvo también el maestro Luciano Ferreto, autor de un silabario muy inteligente y útil, pero que se dedicó a otras labores, más cercanas al magisterio que a los estudiantes, pues sostenía que había que capacitar a los educadores para que pudieran manejar óptimamente las lecturas. Algunos otros educadores también se incorporaron, en otras vertientes, a la creación de libros de lectura, textos para comprender la lengua materna, crestomatías temáticas, entre los que sobresalen los proyectos presentados por Margarita Dobles, en 1935, Emma Gamboa, en ese mismo año, Evangelina Gamboa, Lilia Ramos, recién llegada de Chile, Lilia González, don Rafael Cortés, quienes siguiendo las ideas de Omar Dengo, empezaron a divulgar propuestas para mejorar nuestros textos escolares, dentro y fuera de la antigua Escuela Normal de Costa Rica, a nivel nacional principalmente. Aunque existen dudas de la fecha de edición primera de los libros de lecturas, apoyo didáctico, los títulos se conservan: “Mi hogar y mi pueblo”, “Páginas Ticas”, “La Tierra y el hombre”, “Madre América”, Centro América o “Mi pequeño mundo” con los cuales se formaron, en primaria y secundaria, por lo menos seis generaciones de costarricenses, sin dejar de lado “El silabario”, de don Porfirio Brenes Castro. Como dato curioso se afirma que la primera cuenta cuentos, de la cual se tiene memoria, fue la profesora doña María Teresa Obregón de Dengo, cuyas virtudes como narradora, y su excelente dicción, fueron legendarias entre los niños heredianos y los asistentes al laboratorio pedagógico. Lo interesante de todas estas labores educativas es que combinaban lo nacional, lo criollo, con las obras de los grandes escritores universales del momento. De Rabindranth Tagore a Gabriela Mistral, de Romain Rolland a las obras de Ermilo Abreu, Antonio Médiz Volio, Salarrué o Claudia Lars. Algunos de esos textos, muy bien seleccionados, pueden encontrarse en la revista “Triquitraque”, los viejos tomos de “San Selerín”, Farolito, que mostraban las diferentes tendencias en lecturas, estructura ideológica de quienes las editaban, escuelas pedagógicas o, inclusive, las tendencias del momento en el aprendizaje de la lecto-escritura. Don José María Zeledón logra recreaciones de grandes textos, mediante traducción al español costarricense, que se presentan como “versiones” y que son verdaderas obras de arte, que lograron conservarse en la memoria ancestral de nuestros futuros niños. Margarita Dobles, Margarita Castro Rawson, Lilia Ramos y don Rafael Cortés guardaron memoria de todo este proceso, de 1915 hasta 1940, o antes, 1936, graduando, en todos esos años, la antigua Escuela Normal de Costa Rica unos 1.500 educadores, que se dispersaron por diversos lugares del país como testimonio activo de un experimento casi completo en la formación docente. Carlos Luis Sáenz, Adela Ferreto, Margarita Dobles, Lilia Ramos, Lilia González, José Basileo Acuña, José Guerrero, más don Uladislao Gámez, tuvieron siempre claro la bondad de sembrar en lo ajeno. Como educadores, y figuras públicas de la cultura, la educación, la creatividad, resumieron el legado de los educadores tradicionales, convertidos por el paso del tiempo en revolucionarios. Al imponerse la II República en 1948, realidad de realidades, se empezó a fracturar todo el modelo anterior, en cuanto a los libros de texto se refiere que, prácticamente dejaron de circular, en 1960, al darse prioridad a los textos, odiosos, del plan Odeca-ROCAP, empezándose a perder el valor de expresión y composición del lema: sembrar en lo ajeno, en la mente y el espíritu de educadores y estudiantes. |


