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Las oportunidades del tratado con China Imprimir Correo electrónico
Escrito por Gustavo Guillén Picado *   
Jueves 29 de Julio de 2010 21:25
China constituye la tercera economía del mundo. Para el período 2001-2009, las exportaciones costarricenses crecieron un promedio anual de 69,3% y las importaciones provenientes de China se incrementaron en un 30,1%. En el año 2000, el intercambio comercial era de US$ 91,1 millones mientras que en el año 2009 alcanzó los US$ 1.478,7 millones. Para el período 2000-2009, recibimos de China US$10,40 millones en inversión extranjera directa, mostrando una tendencia creciente en los últimos años a partir del establecimiento de las relaciones diplomáticas.  No es sorpresa, entonces, que Costa Rica negociara un tratado de libre comercio con su segundo socio comercial en importancia; un paso natural dentro de la estrategia del país de consolidar y desarrollar las relaciones comerciales y de inversión con los países asiáticos.

En términos de resultados, el tratado -cuya negociación inició en enero de 2009 y se firmó el 8 de abril de 2010- reconoce las asimetrías que existen entre China y Costa Rica, particularmente en cuanto al tamaño y la capacidad productiva.

Este fue un proceso exhaustivo, que inició con una etapa de exploración que culminó con un estudio de factibilidad conjunto, el cual concluyó que nuestras economías son complementarias y que el tratado resultaría beneficioso para ambos países. Adicionalmente, se realizaron alrededor de 150 reuniones de consultas con diversos sectores nacionales, tomando como base más de 50 estudios sectoriales con información sobre las tendencias de comercio, producción y consumo, con el objetivo de identificar las oportunidades de exportación y las sensibilidades del sector productivo nacional con respecto a China.

De las exportaciones costarricenses actuales, el 99,6% podrá ingresar a China sin pagar aranceles a la entrada en vigencia del tratado. Dentro de los principales productos beneficiados con este tratamiento destacan el jugo de naranja congelado, tilapia, camarón, flores, plantas, cacao, yuca, pinturas, chocolates, palmito, ron y cueros. Estas condiciones de acceso preferencial al mercado chino constituyen una herramienta para aumentar nuestras exportaciones nacionales, lo cual debe acompañarse de otras iniciativas que coadyuven a la competitividad de cada sector.

Sobre las preocupaciones relacionadas con la calidad de algunos productos chinos, quisiera aclarar que la protección de la salud y la vida de las personas, animales, plantas y el medio ambiente se garantiza mediante reglamentos técnicos, los cuales establecen requisitos para cada producto. En esta materia, el tratado reafirma el derecho de los países de aplicar y asegurar el cumplimiento de su reglamentación técnica. Asimismo, el tratado establece mecanismos de transparencia, intercambio de información y cooperación técnica para el control efectivo del ingreso de productos chinos.

En términos generales, este tratado comercial representa: generación de más y mejores empleos, la ampliación de la plataforma de comercio exterior de Costa Rica, la consolidación del acceso de los productos costarricenses que actualmente se exportan a China, la ampliación de las opciones de los consumidores para la adquisición de bienes y servicios, fomento de la inversión china en el país, establecimiento de mecanismos de cooperación, entre otros.

¿Perjudicados o beneficiados? Los costarricenses nos beneficiaremos, sin duda, de esta negociación. Y a pesar de sus detractores, quienes intentan mostrar argumentos a medias y confundir a partir de comparaciones incongruentes, omiten señalar que una de las lecciones aprendidas de la reciente crisis económica mundial, fue la conveniencia de no concentrar nuestro comercio en un único país o región.

Costa Rica, en virtud de su tamaño, debe utilizar el comercio como su instrumento de crecimiento y desarrollo. La creación de más y mejores empleos, que todos deseamos, dependen directamente de la posibilidad del país de vender más bienes y servicios en nuevos mercados.

El TLC con China es todo lo contrario a una espada de Damocles, tampoco el resultado del pago de cualquier donación, es el marco para brindar seguridad y previsibilidad a las relaciones comerciales que mantenemos con China. Privar a nuestros productores de competir con los países más productivos del mundo significa solamente condenarlos a no superar el umbral que les imponen sus propios temores.

 
Author of this article: Gustavo Guillén Picado *