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La situación actual y futura del fútbol costarricense no es nada halagüeña y está siendo soslayada por la prensa nacional, la cual debería de tener una reacción más proactiva a favor de la sanidad de este deporte. Hasta hace diez años, la presión que hacía la prensa deportiva en forma orquestada pesaba sobre la dirigencia nacional. Aquel grupo de Juanito Martín, Pastor Durán, Javier Rojas, Leonel Jiménez, Armando Acuña, José Luis Ortiz y unos pocos más impidieron algunos desafueros que hubieran cometido los dirigentes del fútbol nacional.
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Actualmente, esa orquestación no se da, pues en el ámbito de la prensa deportiva se mantienen algunas figuras conocidas, pero sin influencia en las tomas de decisiones de nuestra dirigencia. ¿Por qué? Porque esta área de prensa se viene limitando a informar, pero es sumamente timorata a externar criterio. La capacidad de análisis inherente a todo ser humano desde que nace la suprime nuestro sistema educativo. Parece mentira que entre más preparado está un profesional, más lleno está de conocimientos, pero más discapacitado para discernir, analizar y opinar. Hay que ver, lamentablemente, que nuestros amigos entrevistadores en este campo, regularmente hacen preguntas con el evidente temor de molestar o incomodar al entrevistado.
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Desde los años sesentas hasta el año 2000, aproximadamente, ese grupo de comunicadores nombrado no solo informaba, sino que levantaba tribuna. Podrían equivocarse, pero aportaban ideas. Se dice que algunos de ellos pusieron y quitaron entrenadores, pero lo que nunca sabremos es si eso fue bueno o no lo fue. Lo que sí sabemos es que evitaron, en muchas ocasiones, que la dirigencia se descarrilara éticamente, pues les temblaba la mano para hacer algo que despertara a ese “concejo de comunicadores”. Había que oír, hace tres décadas, la sátira que les hacía don Juanito, los gritos con que se les enfrentaba don Javier, la sorna de don Jorge, la temeridad de don Armando, la valentía de don Leonel. Ningún dirigente quería enfrentarse a eso, y en ese temor, se abstenían de promover o alcahuetear cosas dudosas.
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Lo que está pasando con el caso Liberia Mía y Barrio México y los otros negocios de la misma ralea y estirpe debería de tener a nuestra prensa convertida en la fiscal de la sociedad, como es su fin. ¡Y nada de eso vemos! Son otros tiempos…
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