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El señor ministro de Transportes, Francisco Jiménez, y la connotada periodista Vilma Ibarra conversaron ayer en su programa “Hablando Claro” en Radio Columbia, que dirige esta última. Nada les faltó para abanderarse en pro de la Concesión de Obras a empresas a extranjeras, puntualizando especialmente en Riteve, confesando el primero que fue “el padre de la criatura” cuando fue viceministro, y conocido que la periodista Ibarra laboró profesionalmente para tal transnacional.
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Ambos “criticaron a quienes critican” ese modo de hacer obra pública. El problema no es de la concesión ni que se ganen el dinero. La culpa es de un Estado que no ha tenido capacidad de capitalizar para financiar sus propias obras como lo hizo por décadas, o en su defecto, financiarse con la banca internacional para construir directamente. El enjambre de controles y descontroles legales que vivimos nos ha devorado. Costa Rica es el país de la apelación y por ello es el país de la parálisis. Se utiliza, como un recurso que procura una instancia más justa, sino como un instrumento para perjudicar al competidor.
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Así que la concesión de obra pública está bien, pues casi es el único medio para crecer en estructuras y dar un servicio. Lo abominable es que el Estado, en vez de ser su fiscalizador, se haya convertido en su meretriz, que en vez de fijar las directrices, tenga que aceptar las que emanen de la conveniencia de las matrices extranjeras. Por ejemplo, fue una lucha de nuestra ciudadanía, que por ser Costa Rica no llegó a más, el que Riteve ablandara las condiciones mecánicas para poder otorgar su marchamo, imponiéndonos requisitos del mundo europeo cuando nuestras vías han sido las destructoras de carros. El negocio era redondo: el Estado dañaba los vehículos y Riteve cobraba más. Y difícil de soportar por degradante, que otra concesionaria de obra pública no le dé vía libre a nuestras ambulancias médicas, a la caravana ciclística en una fiesta nacional o a los ciudadanos para trasladarse en las elecciones en la esa fiestas patrias. Hay decenas de ejemplos más.
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No se trata de que les den la obra, sino de lo que hacen con ella.
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