| A la organización interna se debe agregar la definición de propuestas |
|
|
| Escrito por Opinion |
| Lunes 15 de Marzo de 2010 05:45 |
Editorial
Poco a poco, las nuevas fracciones de diputados que asumirán funciones el próximo sábado 1° de mayo en la Asamblea Legislativa han ido estructurando sus cuadros internos, a partir de la definición de las jefaturas, y en forma paralela, han comenzado con los programas de capacitación. Ambos aspectos son importantes, pero hay otro que debería ocupar el primer lugar entre las acciones preparatorias para el inicio del nuevo período de Gobierno, aunque desgraciadamente, de ello casi no hablan los futuros diputados. Es la definición de prioridades en materia legislativa. A través del tiempo, este problema ha sido casi una norma definida a nivel del Congreso, porque ninguna de las bancadas suele presentarle al país una agenda con sus planes prioritarios. De hecho, los partidos políticos estructuran sus programas alrededor de una posible acción desde el Poder Ejecutivo, y una vez que se conocen los resultados de las elecciones, en las que solo un candidato triunfa, nadie se toma el tiempo para establecer de frente a sus electores en qué línea de trabajo se concentrarán. El trabajo de la Asamblea Legislativa va directamente ligado a la acción de los otros dos poderes de la República, pero esto no es argumento para esperar a ver hacia dónde va el Poder Ejecutivo para comenzar trabajar. Ese ha sido un error garrafal en el pasado, porque se asume el criterio de que el Gobierno debe proponer, y la oposición tiene el poder de veto. Desde el punto de vista formal, sin embargo, el solo hecho de plantearlo de esa manera supone un craso error, pues del Gobierno también participa la oposición, en el tanto integra la Asamblea. Si bien es cierto el Ejecutivo lleva un peso específico, aquí se ha tendido a olvidar el rol del Congreso. Para cambiar la historia, los nuevos diputados deberían abocarse a generar una agenda de fracción, a fin de que todos los actores y la misma ciudadanía conozca los proyectos de interés. Pero no se trata simplemente de enlistar; es más un ejercicio de proponer, porque se requiere que a lo presentado en la lista se le sumen algunos conceptos básicos que permitan “aterrizar” las iniciativas. No basta, por ejemplo, advertir la necesidad de más impuestos, sino plantear directamente cuáles serían, y para atender qué situaciones concretas. Porque ha sido común encontrar coincidencias a nivel de enunciados entre los diferentes partidos, pero los problemas comienzan cuando llega el momento de definir cómo alcanzar los objetivos que se plantean. Si se elabora un trabajo de esta naturaleza, en primer lugar, sería más factible para el Gobierno buscar acercamiento con la oposición, entendiendo que esa oposición no es una sola y que se compone de sectores que pueden tener coincidencias hoy y divergencias mañana. Y esto introduciría una nueva dinámica en el ejercicio de las relaciones entre el Gobierno y la oposición, porque las cartas estarían sobre la mesa. Es algo que no es común en nuestro medio, desgraciadamente, debido a los ejercicios calculadores que los dirigentes políticos suelen hacer, perdiendo de vista que el ejercicio no debe lleva a un pulso sin sentido entre unos y otros. Por otro lado, si bien los diputados deben atender las inquietudes del Ejecutivo, decidiendo sobre las propuestas que vengan de Casa Presidencial, nada quita que lleven a la discusión sus propios temas. En todo caso, esa complementariedad en la acción es lo que finalmente reafirma el ejercicio democrático que todos queremos. La oposición no llega a la Asamblea Legislativa única y exclusivamente para decir sí o no a lo que planteen los otros actores en el Gobierno. Debe ser parte integral a nivel propositivo. Finalmente, es importante para el país que los nuevos diputados se planteen un mejor manejo de los tiempos legislativos, especialmente en comparación con los actuales miembros del Congreso. No es conveniente para el país que se siga por ese camino de dejar las cosas para última hora, matizando el recorrido con discusiones estériles sobre temas menos importantes, a la espera de un nunca para entrarle con determinación a lo fundamental. Pese a que algunos repiten, los nuevos diputados tienen la obligación de marcar diferencia en el accionar político. Y parte de esa nueva historia la han de comenzar a escribir desde ahora. “Los nuevos diputados deberían abocarse a generar una agenda de fracción, a fin de que todos los actores y la misma ciudadanía conozca los proyectos de interés. Pero no se trata simplemente de enlistar; es más un ejercicio de proponer”. |


