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Pretexto absurdos y el naufragio de una carretera indispensable Imprimir Correo electrónico
Escrito por Opinion   
Sábado 13 de Marzo de 2010 07:10

Editorial

Los trabajos en la nueva carretera a San Carlos están paralizados, pese a las constantes promesas de las autoridades del Gobierno de terminar pronto la vía.

El próximo ocho de mayo se cumplirán ocho años desde que el entonces presidente saliente, Miguel Ángel Rodríguez, firmara los contratos para la construcción de la carretera, entre Naranjo y Florencia, trazado de apenas 34 kilómetros.

Si se dividiera la extensión de la vía entre los ocho años de proceso desde que se completaron las formalidades del proyecto, El resultado sería de 4,25 kilómetros de carretera por año, y en este 2010 se estaría inaugurando el trayecto.

Eso, sin obviar el hecho real de que los vecinos de la zona norte han luchado sistemáticamente por la construcción de la nueva carretera desde hace casi 30 años, sin que ninguna administración les haya dado la atención y el respeto que se merecen.

La de esta carretera es una de esas historias repetitivas cuando de obras viales se trata, porque pareciera que nuestro país no alcanza en esta materia ni siquiera la categoría de subdesarrollado.

Y es que hay un elemento fundamental que no ha sido correctamente dimensionado por las autoridades, como es el costo de la no realización de las obras previstas.

Valdría la pena que se hiciera el ejercicio de estimar lo que pierde el país por mantener la ruta actual como principal contacto entre San Carlos y San José, porque esa vía es angosta, con curvas muy pronunciadas, de apenas dos carriles en toda su extensión, y todo ello retrasa de manera sostenida la circulación.

Es cierto que se han presentado muchos problemas de corte administrativo con la nueva carretera. Pero de allí a ir justificando los retrasos como si se tratara de un tema sin importancia, no hay justificación posible.

No hay que olvidar que el Gobierno costarricense de hecho le rogó a la República de China en Taiwán que le regalara la carretera al país. Y una vez que se obtuvo una respuesta positiva, no hubo capacidad ni voluntad para poner las obras en marcha con prontitud. Esto último es producto de la irresponsabilidad y la indiferencia con que se asumen ciertos retos en Costa Rica.

El rompimiento de relaciones diplomáticas con Taiwán marcó un nuevo retraso en el proyecto, porque obviamente las obras que dependían de financiamiento de aquel país quedaron en el aire. Pero en ello mismo se demuestra que la carretera nunca fue una prioridad de la administración, toda vez que no hubo un plan alternativo para garantizarse la conclusión de los trabajos.

De hecho, cuando por fin se echó a andar la construcción de la nueva carretera a Puntarenas, por Santa Ana y Caldera, los trabajos en aquella ruta consumieron casi dos años. Pero ese mismo tiempo no fue suficiente para la ruta a San Carlos, que era menos extensa.

El proyecto también delata una ausencia de supervisión. Ya en un primer momento se dijo que los planos constructivos no estaban acorde con las necesidades. Y ahora se vuelve sobre el mismo asunto, pero agregando que los movimientos de tierra fueron mayores a los estimados, y que por ello, el presupuesto se quedó corto.

Es increíble que se llegue a un argumento de esta naturaleza, porque cuando se va a construir una carretera, se deben revisar los trazados, a fin de establecer con certeza las implicaciones técnicas del proyecto. Pedro también, a partir de esos datos, se elabora un presupuesto, que luego se aplica a la obra.

De primera entrada, no parece haber posibilidad de error. Y menos como para justificar el que ahora se pretenda dejar la carretera en lastre, bajo la tesis de que no han dinero para asfaltar.

El que piense que viajar del valle central a San Carlos por una ruta de lastre es una buena idea, seguramente no tiene la capacidad para entender qué es un chiste de mal gusto.

Ahora que viene una nueva administración, comienza una nueva cuenta regresiva para que se termine la carretera. Habrá que ver si un nuevo ministro volverá a prometer la obra con la firmeza con que lo hiciera la ex ministra Karla González, quien comprometió su palabra en torno al proyecto.

De primera entrada, no parece haber posibilidad de error. Y menos como para justificar el que ahora se  pretenda dejar la carretera en lastre, bajo la tesis de que no han dinero para asfaltar”

 

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