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Prof. Gregorio González, luchador incansable Imprimir Correo electrónico
Escrito por Lic. Claro González Valdés, MBA [email protected]   
Sábado 13 de Marzo de 2010 06:57
El profesor Gregorio González Valdés fue un luchador sin tregua, apasionado por el campo, incansable para el trabajo, el estudio y las luchas cívicas. Nació en Playa Tamales de Puerto Jiménez, en la finca que la familia heredó de padres y abuelos, a la orilla del mar.

Desde niño, como era usual en aquellos dorados años, aprendió el cultivo de granos básicos, arroz, maíz y frijoles y con gran maestría la cría de ganados porcino, vacuno y caballar. Con gran pericia logró buena producción de leche y derivados que se vendían en el pueblo, aquel Puerto Jiménez que tanto amó. Cuando la familia desarrolló algunas actividades agrícolas y comerciales en Golfito, Gregorio no dudó estar al frente de la labranza de la tierra.

Apegado a la tierra como la ostra a la concha, fue el último de los hermanos en salir de las fincas. Por eso le llamábamos el “El héroe de la resistencia”. Empero junto a las arduas tareas del campo, cada sábado salía al pueblo, a lomo de caballo y a once kilómetros, por la playa, a recoger un curso de contabilidad que le enviaba, allá por los años sesentas, la Escuela de Comercio Castro Carazo. Así se graduó de Contador Mercantil, carrera que ejerció toda la vida.

En Puerto Jiménez Gregorio demostró gran habilidad para el fútbol, llegando al ser el portero del equipo del pueblo que se enfrentaba a los mejores equipos de Golfito, como Ferrocarril, La Marina, Médico, Mercaderías y otros. También era aficionado a las carreras de caballos, que se realizaban en el campo de aterrizaje durante las fiestas populares.

Cuando por fin abandonó el agro, el profesor González trabajó en el Departamento de Tesorería de la Municipalidad de Golfito. Más tarde pasó al Ferrocarril del Sur de la United Fruit Co., una de las empresas más grandes y más organizadas que ha tenido el país en toda su historia. Se llamaba simplemente “la compañía, que en aquellos años no era más ni menos que un Estado dentro de Costa Rica”.

Un buen perfil de Gregorio lo presenta como una persona que vivió cómodamente toda su vida. También fue una persona alegre, siguiendo el mando de San Pablo, “estad siempre alegres” (Semper gaudere). No obstante, le partía el alma ver que Golfito estaba divido en estamentos sociales. El “pueblo civil” era el pueblo general, donde estaba el comercio independiente, la educación, algunos tribunales (los juzgados estaban en casas que eran de la compañía). En la zona de barracones vivían los peones. Aquí estaba el Club Miramar. La Zona Gris era para los capataces, mecánicos, choferes. La Zona Amarrilla para los mandos medios. Aquí estaba el Club Latino. Después seguía la American Zone (Zona Americana). Aquí vivían los altos mandos, los “mister” o los que habían sido ascendidos a esa codiciada categoría. Para ellos estaba el Club Americano, con su hermosa “piccina” como le decían algunos de por allá, el yate “El Glorioso” y el tranvía “115” desde el cual podía uno contemplar los domingos las hermosas plantaciones y los caudalosos ríos. Entre la Zona Gris y la Zona Amarilla había un portón que se cerraba, a las seis en punto de la tarde.

Gregorio sintió un día el hálito de la gran ciudad, San José, la urbe del porvenir abierto. Va a la Universidad, no a calentar un pupitre sino a estudiar y luchar. A estudiar a Compte, Saint-Simon, Veblen, Durkheim, a Parsons, a Linton y tantos que nos hablan de la dinámica social. Se recibe de sociólogo, pero no de escritorio. Se incorpora a las luchas sociales del momento y su prueba de fuego, la lucha contra ALCOA, donde el pueblo pone a prueba su soberanía y su dignidad. Después vienen el “Combo del ICE”, campaña del NO.

Como profesor de Contabilidad ejerció por varios años en los colegios de San Joaquín de Flores, Canoas de Alajuela, Liceo del Sur y en entes privados como el Instituto de relaciones Públicas y Administración (IRPA). Viajaba a Alajuela o Heredia desde Mata de Plátano de Goicoechea (decía “No, El Carmen de Guadalupe”, y a pesar de las distancias nunca faltó a clases ni nunca llegó tarde.

Avanzó mucho en la tesis de Licenciatura en Sociología. Su tema era “Los coligalleros”.

Gregorio había escrito: “El coligallero es solidario, el aislamiento se lo impone; tiene su propia concepción de la vida: prevalece el concepto de sociedad primitiva; la caza, la pesca y el concepto de propiedad… El coligallero tiene su propia ley, la Ley del Coligallero… Pero parece contradictorio, que cuando por todas partes abunda el oro, para el coligallero la frontera agrícola parece agotarse. La explotación denominada “libre” está regulada por el Código Minero; la Ley del coligallero ha perdido vigencia; el ordenamiento jurídico de la nación se impone; la razón del más fuerte prevalece; las concesiones se otorgan a las grandes compañías, y en la mayoría de casos a extranjeros, sin control alguno en la explotación y tampoco en la comercialización. Defendamos al coligallero como debemos defender al Parque Nacional de Corcovado…” (El Calvario del Coligallero, periódico El Sur, diciembre de 1985, pág. 6).

No pudo concluir sus tesis por su enfermedad (Parkinson). Siempre se opuso a la minería a cielo abierto por sus graves consecuencias para el ambiente y el país. Valeroso ciudadano y gran patriota, el Prof. Gregorio González Valdés, falleció en Mata de Plátano el 10 de febrero de este año 2010. Nuestra condolencia a su esposa Olga y a su hijo Vladimir.

 
Author of this article: Lic. Claro González Valdés, MBA [email protected]