| Del chow mein al feminicidio |
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| Escrito por Rogelio Arce Barrantes * rogelioarce@gmail.com |
| Jueves 11 de Marzo de 2010 05:01 |
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“Genericidio”: La guerra contra las bebés (niñas). Con este encabezado en su portada, la revista The economist hace su aparición esta semana, sin sensacionalismo explica cómo las niñas en la China son abortadas, asesinadas al nacer o mediante la negligencia se les deja morir. Una mujer joven embarazada, de la incipiente clase media, está esperando tener un hijo varón a pesar de que la tasa de nacimientos varón hembra esta en 120 a 100 o sea hay superproducción de machos, pero las políticas machistas son claras: feminicidio (si el partido comunista fuese manejado por mujeres sería a la inversa), esta madre se hace un ultrasonido para ver qué será lo que ha de tener, el resultado es: mujer, debe abortarla o matarla al nacer para estar acorde a las políticas oficiales del omnipresente partido comunista chino. No sé qué nombre pueda dársele a esta cruel situación, desde luego los y las que apoyan al aborto no lo verán mal, pero los que no lo apoyamos no lo vemos bien. Por otro lado ¿Dónde está la igualdad de género? No hay oportunidades para una niña en un vientre chino, eso me causa repulsión porque tengo hijas y nietas (además tuve una madre ejemplar) y he logrado ver que las mujeres son lo mejor que tenemos, son además la parte noble de la Creación, es más en la alegoría bíblica no fue hecha de barro, no, para ella Dios fue mejor artífice pues eligió carne humana: la costilla de Adán, y aun así, después de miles de años siguen en desventaja. O le encaraman un burka en los países musulmanes, o les hacen una ablación del clítoris en África, o las abortan selectiva y sistemáticamente en China o las matan a balazos los “machos” en nuestra patria. ¿Entonces dónde están las voces del feminismo? Si yo fuera mujer no compraría ni un Chow Mein, jamás, menos unos calzones “made in” China, preferiría repagarlos hechos en Argentina o en Guatemala. No me parece correcta esa liviandad de las Naciones Unidas con algunas prácticas chinas (y de otros países), y nosotros sus mayores consumidores de chucherías, los occidentales, ni nos inmutamos, es como si sucediera en otro planeta lejano, solo nos importa qué tan baratos son los productos que consumimos, no nos interesa que para ese precio bajo sea menester matar, abortar, discriminar o lo que sea a quienes trabajan en manufactura, lo que realmente nos importa es que nos venden barato (aunque sea de mala calidad y a precio de sangre, es la esclavitud moderna). Si revisamos la filosofía oriental, es muy diferente a la nuestra, para ellos la vida es un asunto de relativa importancia, la iluminación es lo que importa, la vida per se no es lo más importante: al cabo nadie regresa de la muerte, nadie vuelve del sueño profundo. Nosotros los occidentales le damos más importancia a la vida, por dura y triste que sea, nadie se quiere morir, nadie que esté en sus cabales, la vida es el centro de nuestra existencia misma y su valor está en relación directa a lo que esperamos y a nuestra formación. Los ciudadanos chinos tienen una enorme parte de culpa de lo que está sucediendo, ellos no tienen el valor del estudiante de Tiananmen Square, aquella foto que quedará para la posteridad de un joven enfrentado a un tanque del ejército rojo. Si los chinos, que son en mucho personas ejemplares por su disciplina y por su amabilidad, su tesón de trabajo y su estoicismo para con la adversidad; pero si ellos no hacen nada por ellos mismos, seguirán bajo el yugo del partido comunista de Mao Tze Dong. Ellos, nadie más, deberán decidir qué quieren para mañana, y si no lo deciden pronto no tendrán mañana: al igual que esos cien millones de niñas asesinadas en aras del bien económico. Nosotros los y las occidentales, tenemos que ponernos de acuerdo qué tipo de moral económica queremos, si no la vida será en vano. No podemos ignorar que lo que sucede en China sucede en todo el planeta de una u otra manera, solo que allá es masivo y a puertas abiertas, como para mofarse de nuestra cultura. No son los chinitos, que de paso siempre son agradables, son los gobernantes chinos.
No me parece correcta esa liviandad de las Naciones Unidas con algunas prácticas chinas (y de otros países), y nosotros sus mayores consumidores de chucherías, los occidentales, ni nos inmutamos |
| Última actualización el Jueves 11 de Marzo de 2010 05:01 |


