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El país ya no necesita una nueva Ley de Tránsito Imprimir Correo electrónico
Escrito por Lic. Edilberto Escobar Cascante   
Jueves 11 de Marzo de 2010 04:58

Como está. Terriblemente manoseada. Expuesta a toda clase de mercaderes, que han visto en ella, la forma de llevar agua a sus molinos económicos. Sometida a un vaivén de cosas, en las que todos discuten, una Torre de Babel completa y exacta, a como la pintaron las Sagradas Escrituras, cuando Dios se enojó con el hombre y lo sometió a una terrible confusión, por la que no pudo, ni siquiera comunicarse con los demás.

Unos hablan bien de ella, otros mal, muy mal y los que más, se la adjudican como trofeo, como si una Ley, para cualquier sociedad, no fuera algo de otro tinte. Más serio, más formal, con caché social y político y capaz de prever los fenómenos humanos posibles, evitando y solucionando problemas, ofreciendo soluciones necesarias. Una Ley es otra cosa. No puede montarse sobre las espaldas de tanta gente muerte, por las desgracias burocráticas en las que la sociedad está sumida, sin esperanzas de nada, saqueada por más de cuatrocientos mil sujetos, que han gozado del favor de quién sabe quién, que los ha dejado circular, sin licencia para hacerlo, o quizás, aprovechados de tanta instancia que recíproca culpas: “yo no fui, fue Teté, péguele péguele que ella fue”. La gente se aprovecha de todo. Aunque no pueda ni siquiera, levantar la cabeza en medio de tanto desorden. Una Ley verdadera, debe ser el producto, de una discusión mesurada y tranquila, antes de y no después de. Ese es el problema de esta copia al carbón, de una Ley aplicada en otro lado, donde todas las circunstancias son distintas en todos los sentidos. Donde se educa al pueblo para su sana convivencia.

Pero dentro de todo este asunto, hay que echarle la culpa a alguien. Los más expuestos: los diputados. Se la han ganado, por amores y desamores, berrinches y contenteras. No son los únicos que lo merecen. El sector más influyente de la prensa, tiene lo suyo. Han presionado de forma inusitada, como si algo más que los sucesos, les interesara. La verdad que ya uno no sabe en quién creer.

Mientras tanto, el ciudadano común sigue expuesto a tanto desorden vial, donde nadie respeta nada, ni a nadie. Como si eso fuera poco, ahora hurtado por un Estado cleptómano y voraz, cuando se trata de chuminos. Desesperado por coger plata de donde sea y de la forma que sea, bien habida o mal habida, porque en el caso que nos ocupa, es mal habida, dado que proviene de una media ley, que todavía no ha sido parida, como debe ser, de la panza, salió la cabeza y el tórax, le faltan las patas, como dice la gente.

Por eso no puede ser que la mejor prueba de su cumplimiento, sea aquella que diga, a quién le clavaron el aguijón en su bolsillo. Estamos con las manos pa’arriba. Verdaderamente, es peor esto, que lo que había.

Última actualización el Jueves 11 de Marzo de 2010 04:58
 
Author of this article: Lic. Edilberto Escobar Cascante

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