| Un grotesco espectáculo de dos diputados que daña al Congreso |
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| Escrito por Opinion |
| Miércoles 10 de Marzo de 2010 05:02 |
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El pasado lunes por la tarde, los diputados Óscar López, del Partido Accesibilidad sin Exclusión, y Víctor Lázcares, del Partido Liberación Nacional, protagonizaron en el Plenario de la Asamblea Legislativa una disputa digna de cualquier episodio callejero, pero que quedará en la historia del Primer Poder de la República. En el pasado se presentaron escenas que ponían en entredicho el real nivel de comprensión que tienen los diputados sobre la institución de la que forman parte, y el rol que tanto ésta como ellos cumplen en la sociedad costarricense. Desde aquel diputado -ya fallecido, por cierto- que se paseó por el Plenario con un paraguas abierto que luego dejó tal cual sobre la mesa del Directorio, hasta aquel diputado que operaba una casa de cambio desde su curul, son escenarios conocidos en el Congreso. Y en ese marco, las disputas son una tradición, que a veces ha llevado a extremos en los cuáles los diputados se han interrumpido en el uso de la palabra, o han alzado su voz. Y no es que ninguna de estas prácticas sea justificable, pero dentro de una discusión se podrían entender ciertos sobresaltos. El problema es que el episodio entre Lázcares y López no entra dentro de ese contexto. En primer lugar, los diputados deben respetar lo que establece el Reglamento de Orden, Dirección y Disciplina de la Asamblea Legislativa. Si no les parece algún elemento de esa normativa, entonces deben recordar que, como Plenario, tienen la plena potestad para cambiar su contenido y, por ende, las regulaciones. Ni López ni Lázcares lo hicieron. Dejaron en el baúl de los recuerdos la normativa y se embarcaron en un enfrentamiento a la libre. Quien presidía la Asamblea en ese momento, la diputada Maureen Ballestero, se convirtió en simple testigo lejano de aquel desastre y nunca atinó a intervenir. En segundo lugar, los dos legisladores se salieron de la discusión original, para enfrascarse en una disputa sobre la base de elementos personales que no venían al caso. Y, en ese marco, todo se prestó para que viniera lo peor: Lázcares indirectamente retando a pelear a López, a quien en más de una oportunidad gritó: “cálleme usted”. Es cierto que en Costa Rica no se ha llegado a prácticas de ingratos recuerdos como los que se han dado en Japón, en México o en otros países, donde los diputados se han liado a golpes tras alguna discusión. Pero en todo caso, lo del lunes en el Congreso es absolutamente reprochable. Si se pretende argumentar, y se tiene la capacidad y la voluntad para ello, no es necesario llegar a una situación como la descrita entre iguales. Tampoco son los elementos de descalificación los oportunos para una discusión en el Plenario. La pretensión de Lázcares de acallar a López porque falta mucho a las sesiones de Plenario está fuera de lugar, como también lo está la pretensión de López de acallar a Lázcares sobre la base de los cuestionamientos que se le hicieron durante su gestión como cónsul en Nicaragua. Este segundo asunto, si acaso, se tendría que resolver en los tribunales, y mientras no ocurra, Lázcares tiene una credencial que lo coloca al mismo nivel de López. Y en el primer caso, no hay que justificarle las ausencias al Plenario, pero ha hecho más que otros diputados que faltan menos, y eso, de alguna manera, dice algo de la gestión en este período. En todo este cuadro, lo más triste es que la casi totalidad de diputados presentes en el Plenario se tornó cómplice, porque si acaso dos se acercaron a tratar de calmar las aguas. La representación que por mandato constitucional delega el pueblo en la Asamblea no puede utilizarse para escenas como estas. Además, lo ocurrido esta semana es una fuerte llamada de atención a los partidos políticos en torno a quiénes están recibiendo el beneplácito para llegar a ocupar una curul. Ejemplos como el de comentario han de servir a los diputados electos para que entiendan qué es lo que no se debe hacer en la Asamblea Legislativa. Si aprenden la lección derivada de este triste episodio, ya habrán dado un pequeño paso para alcanzar una mejor gestión. Lo ocurrido esta semana es una fuerte llamada de atención a los partidos políticos en torno a quiénes están recibiendo el beneplácito para llegar a ocupar una curul” |


