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Una herramienta para buscar nuestro desarrollo sostenible Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ramón León *   
Jueves 26 de Noviembre de 2009 07:51


Es difícil encontrar a alguien que niegue la importancia del desarrollo sostenible, pero es igualmente difícil encontrar a alguien que pueda describir claramente el camino para alcanzarlo. Todos aquellos que coincidimos con su importancia, estamos llenos de buenas intenciones pero no hemos encontrado formas prácticas y acertadas de promover los cambios necesarios para enrumbar nuestro destino hacia tan ansiado pero abstracto ideal.

Mientras por un lado hablamos de la importancia de los recursos naturales, por otro seguimos aferrados al concepto de que desarrollo implica necesariamente incrementos en la producción y en el consumo. La cruda realidad es que nuestras actividades productivas van en detrimento de esos recursos, e históricamente entre mayor ha sido la producción, mayor ha sido el detrimento. Lo que nos obliga a preguntarnos: ¿cuánto “desarrollo” y cuánto desgaste de los recursos naturales son aceptables para asegurar un balance entre estos factores y una buena calidad de vida?

Una parte crucial del reto es definir cómo asignar un valor a los servicios que proveen los ecosistemas, de los cuales entendemos muy poco, pero de los que nos beneficiamos en todo momento. Así que usualmente dicha asignación de valor se hace en forma parcial y sesgada, favoreciendo finalmente el desgaste de recursos.

La huella ecológica es un indicador cuantitativo que nos permite hacer un balance formal y estructurado entre el consumo/extracción de recursos y la capacidad de los ecosistemas en regenerarlos (biocapacidad). Como cualquier indicador, tiene limitaciones. Sin embargo, entre sus ventajas resalta que permite realizar la discusión del problema en términos menos subjetivos, ya que usa una unidad fácil de visualizar y dimensionar para la mayoría de personas: hectáreas globales (algo así como hectáreas productivas) por habitante. Otra de sus ventajas es que nos obliga a evaluar qué tan eficientes somos en la utilización de los recursos naturales en los diversos sectores productivos, lo que la hace una herramienta muy útil para la toma de decisiones y asignación de recursos.

Se debe reconocer el valioso esfuerzo hecho por el Proyecto Estado de la Nación, el cual en su último informe, hace un cálculo de la huella ecológica de nuestro país y donde se evidencia que estamos sobrepasando la capacidad productiva de nuestros ecosistemas. Nuestros dirigentes tanto en el sector público como el privado, y en especial los candidatos presidenciales deben prestar especial atención a este dato, ya que estamos en un momento clave para definir si realmente vamos a tomar el rumbo del desarrollo sostenible o no.

Costa Rica es uno de los pocos países que está cercano a entrar a lo que la Red de Huella Ecológica llama el cuadrante de desarrollo sostenible. Los países que están dentro de dicho cuadrante tienen un alto índice de desarrollo humano (IDH) y una huella ecológica igual o menor  a la biocapacidad del planeta. La gran mayoría de países considerados desarrollados tienen huellas ecológicas sumamente altas y se encuentran lejanos al cuadrante. Estos países ya han mostrado su incapacidad de revertir esta situación en el mediano plazo reconociendo su dependencia en la biocapacidad de otros países. A manera de ilustración, si todos los seres humanos aspiramos a vivir como se vive en Estados Unidos, necesitaríamos más de 4,5 planetas Tierra. Si preferimos un estilo de vida similar al español, al francés o al italiano, necesitaríamos 2,5 planetas. Sólo como comparación, en sistemas de vida más austeros, como en Latinoamérica, si todos seguimos el desarrollo actual de los brasileños, chilenos, panameños o argentinos requeriríamos un promedio de 1,3 planetas. Es evidente que la tendencia mundial es consumir más de lo que podemos obtener en forma sostenible de la naturaleza.

Nuestra huella ecológica es 12% mayor que nuestra biocapacidad, y esta brecha continúa aumentando. Nosotros todavía estamos a tiempo de hacer un mejor balance entre calidad de vida y extracción de recursos. Sin embargo, esto nos obligará a replantear nuestra visión de desarrollo. Será necesario cuestionar críticamente factores como uso de la tierra, sistema de transportes, mecanismos de protección de recursos naturales, y sobre todo, nuestros patrones de consumo. Es probable y deseable que esta autocrítica nos lleve a identificar nuestros excesos, pero también nuestras necesidades reales como sociedad.

Sería valioso que el Estado costarricense evolucione en su mecanismo de toma de decisiones y además de calcular, desglosar y analizar anualmente el PIB, haga lo mismo con la huella ecológica oficializándola como otra herramienta institucional, de tal forma que la toma de decisiones, determinación de prioridades y asignación de recursos económicos, se fundamenten no solamente en buenas intenciones, si no en el potencial productivo de los ecosistemas de nuestra tierra… y de nuestra Tierra.


* Profesor Universidad EARTH

Última actualización el Jueves 26 de Noviembre de 2009 07:51
 
Author of this article: Ramón León *